Una introducción a la obra de Alma Diego

 

 

 

Existen sin duda días y días en la vida. Y así como escribí, de que tuve la oportunidad de conocer a una compatriota que como yo, dedicaba su tiempo y esfuerzo a la actividad literaria, tuve el agrado de conocer a una autora española que me ha dado la oportunidad de conocer su obra.

 

El tiempo a veces nos juega malas pasadas y si bien, mi interés fue grande en noviembre y diciembre, el tiempo y las actividades no me dejaron sino hasta ahora concentrarme en la lectura de dos de sus libros “Ni el dia ni la hora” e “Invocación”. Debo decir que lamento mucho haber perdido el tiempo ya que un pequeño tesoro estaba sin ser abierto por mi. Y ahora quiero compartir lo que descubrí:

 

 

“Ni el día ni la hora” es un libro compuesto de dos historias “Chico, por favor” y “Ni el día ni la hora” y “invocación” es un relato de suspenso y fantasía por si solo, así que hablamos no de una novela sino de tres historias y como tales cada una me provocaron un gusto distinto, así que un buen manjar se compone de tres partes: la entrada, el segundo y el postre y aqui no será la excepción. 

 

 

“Chico, por favor” un cuento detectivesco donde todo comienza con el encuentro de un cadáver sobre la piscina de un club exclusivo. Pronto aparece en escena la detective encargada del caso y empieza a analizar uno por uno a los posibles afectados e implicados. Las primeras páginas son muy buenas y atrapan de manera clara y rapida.  La descripción de los personajes es muy acertada. El personaje principal, la detective está bien trabajado. Me pareció una historia muy buena que daba para mucho más. EL final es algo rápido e inesperado, pero deja una pequeña sin sabor de que uno quería saber más. De los tres cuentos, fue el que más me ilusiono pero el final me dejo con un pequeño sin sabor en la boca. Estoy seguro de que Alma puede hacerlo mejor. Aun así merece leerse.

 

 

“Ni el día ni la hora” dado que me quede con las ganas de leer más de Alma , continúe con esta historia y me quede muy, pero muy reconfortado. Una historia muy bien trabajada, atrapa desde el comienzo con diálogos muy vivos y descripciones muy visuales. La historia trágica del final de los días de la persona se deja vivir y casi palpar. Alma consigue transmitir muy bien el sentido de soledad, perdida y hasta desesperación de los personajes abriéndonos la puerta no solo de una ventana en la vida de una persona normal sino aún en el yo interior. Sin decir nada más, las últimas páginas de la historia que Alma nos regala en un acto de valor le dan a todo el conjunto un aire increíblemente real y mágico. Una excelente historia que merece leerse.

 

 

“Invocación” y después de la entrada y del segundo, merecía venir un buen postre. Una historia de terror y suspenso, un ejercicio “ligero” si se puede usar esta palabra  pero muy bien trabajado. Una vez más, Alma comienza la historia de manera genial y nos presenta a un personaje real, visible, describiendo sus vivencias sueños y deseos de manera muy gráfica que hace incluso que sentamos aquel olor que perdura en el ambiente. Me hubiera gustado leer unas páginas más, que creo que podría habernos regalado. El final una vez más es directo, cortante, como la caída pronta de un telón dejándonos preguntas y no muchas respuestas. Me gustó mucho.

 

 

Estoy muy contento de haber tenido la oportunidad de conocer a Alma y su obra. La recomiendo sinceramente y me gustaría seguir leyéndola (Ahora está en mi lista su novela “El diablo en su escondrijo”). Su estilo es directo, sincero a veces quizás demasiado, pero le da un realismo increíble y una combinación con su obra. Es sin duda su estilo y me gusta mucho que ella apueste por el. Me gustó mucho leer sus relatos y deseo seguir leyéndola.

 

 

 

La recomiendo cien por ciento.

 

La danza del narciso

 

 

Existen esos momentos interesantes en la vida, en las que una voz desconocida pero con trazos de amigo nos brinda algunos momentos dichosos...

 

 

 

Hace unos meses, mas por curiosidad que por una firme fe, pregunte a varias personas si conocían autores peruanos viviendo en Alemania, más específicamente en Múnich y fue grata mi sorpresa cuando me dieron el contacto de Patricia Colchado.

 

 

 

Brinda desde ya muchas satisfaccione el saber que no solo hay personas sino incluso compatriotas viviendo la misma vida (aquí me refiero a la constelación) y con el mismo deseo de contar una historia. Y vaya que si lo logró.

 

 

He de ser primero ante todo sincero, me enteré de la existencia de esta autora y de este libro por casualidad. Y ya en contacto con la autora, esta tuvo el inmenso detalle de hacérmelo llegar. Descubrí que la poesía se puede volver prosa. Las primeras páginas son para mí de una frescura y una armonía brillante. Parecía que estuviera eyendo poesía (y de la buena) por el misticismo del comienzo, lo absurdo del ser y sobretodo lo hermoso de las palabras y la elocuencia con las que se escriben.

 

 

 

No diré mucho de la historia, ya que merece leerse, pero uno se sentirá atrapado no solo por la historia o el lenguaje sino por la ventana que se nos abre conociendo un poco más del mundo del baile, plasmado por seres apasionados que se encuentran muchas veces dispuestos a llegar más de lo que sus fuerzas se lo permiten. Inspirados en la carrera artística que han escogido.

 

 

En resumen, un muy buen libro (corto lo que lo hace aún mas valioso) que merece leerse y sobetodo esperar uno nuevo ya que espero que ese espíritu creativo de Patricia Colchado que lo refleja tan bien en la danza y la poesía sigue teniendo algo de fruto en la prosa y nos siga regalando mundos nuevos y sentimientos por descubrir como los de esta pequena pero gran novela.

 

 

Recomiendo la lectura.

 

PRELUDIO "Despues del nuevo amanecer"

 

 

     Consciente de que cualquier decisión, podría ser la equivocada, Ana miro con detenimiento a Gerardo y a Pablo y decidió que lo mejor que podía hacer era esperar. Había esperado mucho, demasiado quizás, para todo aquello que iba a acontecer y no estaba dispuesta a dejarse llevar por un sentimiento espontaneo y quizás echar a perder todo. Quería contar lo que tenía en su corazón pero decidió, como tantas otras veces guardar silencion y guardar Gerardo y Pablo estaban frente a ella y la miraban con una mezcla de picardía y asombro, combinado con una gran dosis de respeto. Sin embargo, Ana sabía muy bien lo que ambos tenían en mente y sabía cuan diferentes era sus intenciones.

 

- ¿Qué paso en la reunión? – preguntó Gerardo mientras comía el maní de un pequeño plato que habían dejado sobre la mesa y esperaba la cerveza que había pedido.

 

 

     Ana, Gerardo y Pablo se habían encontrado en un bar en el centro de Stuttgart. Desde hacía un buen tiempo en que no habían coincidido y aunque antes solían verse muy a menudo y había hecho muchos viajes de trabajo juntos, tanto a Alemania Espana o Perú, entre otros países, desde hacía un tiempo habían dejado de verse. Pero ahora, aprovechando que Pablo había ido a Stuttgart habían decidio reunirse. El sitio escogido era un sitio tranquilo, donde se podía tomar un cóctel o una cerveza, sentado sobre unos cómodos sofás y desde donde se tenía como panorama de fondo, el centro de la ciudad de Stuttgart, una ciudad que sin ser la suya, los había adoptado a los tres por igual. A Pablo le gustaba la ciudad aunque sabía muy bien, que pesar de aquella vez de crisis en donde pensó en venir a vivir aquí, nunca dejaría su Madrid querido. A Ana y Pablo los unía otra historia a la ciudad.

 

- Fue muy interesante – respondió Ana.

 

¿Conseguiste lo que querías? – preguntó Pablo.

 

- Yo siempre consigo lo que quiero – respondió Ana, dándole un gran sorbo a su bebida. Asustándose al darse cuenta que cada vez necesitaba más alcohol para sentir el efecto que deseaba. Se estaba sintiendo nerviosa y sabía que solo una bocanada grande de aquel trago podía tranquilizarla “Debe dejarlo, para la mano un poco”. La voz que sabía que estaba presente no la dejaba en paz y sabía que tenía razón.

     Ana, Gerardo y Pablo habían empezado a trabajar en una multinacional casi al mismo tiempo. Ana y Gerardo fueron los primeros que entablaron una amistad. Cuando conocieron a Pablo, se dieron cuenta de que habían encontrado a la tercera pieza del equipo. Ana consideraba que los contactos eran importantes si quería hacer carrera. Y ella estaba dispuesta a hacer carrera. Y su éxito, rapido, aplastante, increible le estaba dando la razón. Pablo era de su misma opinión y se esforzaba cuanto podía en agradar a los jefes y hacerse de un nombre, pero sabía que no podía igualar a Ana en ese aspecto. Estaba teniendo éxito mediano y sabía que podía dar más, aunque también quería disfrutar de la vida. Pero su disfrute de la vida, le estaba costando mucho dinero. Gerardo, si bien quería triunfar, apreciaba el equilibrio de una pausa en su vida y le gustaba pensar sobre lo que podía o no podía estar perdiendo. Gerardo tenía la mala costumbre de pensar más en el futuro que en el presente. Y eso lo había llevado salvarse de muchas cosas malas pero de perder muchas cosas buenas. “Te engañas” solía decirle Ana “pero por algo somos amigos”.

 

- Entre a la reunión – continuó Ana – y me estuvieron esperando. Eran los tres máximos. Fue algo intimidante.

 

- ¿Intimidante para ti? – preguntó Pablo – No lo creo

 

- ¿Hablaron del proyecto “Amanecer”? – preguntó Gerardo muy a su estilo de manera directa y sin rodeos.

 

     Tanto Ana, como Pablo y Gerardo sabían muy bien, dado las informaciones que tenía y sus puestos estrategicos en la empresa, el camino un tanto poco tradicional que estaba tomando la empresa y conocían muy de cerca lo que se estaba planeando. Sus puestos le permitían acceder a mucha información importante, pero muy a su pesar ningún de ellos tenía aún el poder de saber que hacer con esa información y lo que les parecía aun peor, ninguno de ellos tenían el poder de tomar una decisión. “Aun no” solía decir Ana “pero muy pronto” y recordaba en un solo segundo, como una pelicula a velocidad rapida de su vida, todo lo que le había pasado hasta ahora, hasta verla llegar al lugar que ahora estaba. Sabía del proyecto “Amanecer”, pero sabía algo más pero no era el momento de contarlo a Gerardo y Pablo “No lo entendería” se decía a ella misma “Aún no”.

 

- Era una sala grande – continuó Ana ignorando aparentement la pregunta de Gerardo – estaban todos y hablaron de su propuesta, de lo que querían hacer y de los riesgos. Y del tipo de gente y de trabajo que necesitaban. Los escuche incrédula – hizo en ese momento una pausa y pensó bien sus siguientes palabras - Amanecer era la palabra mágica, sobre todo para, ustedes ya saben quién. Yo escuche la propuesta. Y …

 

- ¿Y de que se trata ese proyecto Amanecer? – preguntó Pablo – Tu siempre has estado en España y en Perú. ¿Tiene algo que ver con eso?

 

     Ana estaba dispuesta a dar algo mas de información, una información que ella considereba sin importancia pero dejo de hacerlo cuando Gerardo le puso la mano sobre el brazo y dándole una de aquellas miradas que, penetrantes, lo dijo con la mirada que lo mejor era no decir nada aún. Ana entendió el mensaje.

 

- Eso no es lo importante – dijo Gerardo – lo importante es saber a qué se está metiendo la empresa. Yo estoy muy preocupado en la manera en que la empresa se está perdiendo.

 

     Ana por su parte, recordó aquellos primeros días, aquel frio, aquellos momentos que prefería olvidar. Pero sobre todo aquel aroma a incertidumbre y obsesión que tanto le gustaba. Ana, no se engañaba, ella sabía que el juego que estaban por jugar era muy peligroso.

 

     Después de escuchar la pregunta de Gerardo, Pablo tomo con fuerza el vaso de cerveza que tenía en su mano y tomo un gran sorbo mientras dejaba escapar un suspiro. Ana, que jugaba con la servilleta, en un gesto que ella sabía muy bien era interpretada por cualquier persona que tuviera al costado, como un gesto de nerviosismo, cuando la realidad era todo lo contrario. Ana fingió una sonrisa. Hubiera querido contarles lo que en realidad sabía, pero si algo había aprendido era a guardar silencio. Habían pasado tanto juntos, desde los primeros almuerzos a las juergas de fin semana, incluso los salvo de aquel incidente en Lima. Pero, ella sabía que solo Gerardo podía entenderla aunque quizás no aprobara lo que había estado haciendo y estaba por hacer. “Mejor no decirselo aún”. Pero Ana tambien sabía preparar todo por si algo saliera mal. Gerardo, que comenzaba a comprender aquello que se había negado a aceptar, se recostó sobre su silla, fijando la mirada en la servilleta de Ana y mirando sus reacciones leyendo de sus labios cerrados aquello que ella se negaba a decir. Pablo se sintió perdido. El bar comenzó a llenarse de personas. Se empezaron a acumular murmullos, palabras, cantos y pesares, música y alegría, dolor y esperanza.

 

El teléfono de Ana sonó. Era su asistente. Ana contesto enseguida y Gerardo noto un gesto que podía interpretarse de preocupación.

 

- ¿Qué es el proyecto amanecer? – volvió a preguntar Pablo – Lo he escuchado de mi jefe también. Todo el mundo está nervioso.

 

- Silencio Pablo – dijo Gerardo, bajando la voz -. Ahora no – Y miraba la reacción de Ana con detenimiento. Gerardo no se hacía ilusiones y sabía muy bien quien era Ana en verdad y en que se había convertido, sabía lo que hacía y peor aún de lo que era capaz de hacer pero los unía algo muy especial y el no estaba dispuesto a perderlo. Solo le gustaría saber de que manera podía ayudarla.

 

- Gracias – dijo Ana al teléfono – y cuídate tú también. ¡No! Hazme caso tu. ¡Cuidate!

 

Ana se puso de pie, saco de su cartera dos billetes y los puso sobre la mesa.

 

- Me tengo que ir – dijo – una cita que no puedo evitar. Pero, la ronda de hoy va por mí.

 

- Ya casi ni nos vemos – dijo en modo de protesta Pablo – Pensé que hoy día sería como antes.

 

- Nada será como antes – dijo Ana. Y le dio un fuerte abrazo a Pablo y espero que Gerardo se pusiera de pie. Ambos se miraron por largo tiempo a los ojos.

 

- No tienes que seguir – dijo el – Sabes a lo que me refiero.

 

- No es que no pueda – dijo ella – es que no quiero.

 

Gerardo le dio un gran abrazo y dos besos, uno en cada mejilla. Luego, cogiéndola de su mano cada día más delgada y sintiendo su piel cada día más fría, la miro a los ojos recordando todo lo que había transcurrido y había visto en sus sueños lo que podía pasar. Y el resultado no le gustaba.

 

Ana cogió su abrigo de cuero, su cartera y se encamino a la puerta de salida, pero antes de salir, teniendo aún en la mano la manija de la puerta, dio una mirada a Gerardo y Pablo. Ambos la despidieron agitando las manos y regalándole una sonrisa. Ana salió.

 

- ¿Qué crees que pase? – preguntó Pablo.

 

- No lo sé Pablo, no lo sé.

 

Meses después, Gerardo y Pablo recordarían esa conversación. Y el futuro iba ser muy diferente a como se lo habían imaginado.

 

 

La canción del silencio


Escucho la canción del olvido
en la radio del silencio,
y el susurro de la nada
que penetra en el corazón,
despertando las reflexiones sobre el vacío
que comienzan a invadir mi alrededor.
Se escucha el susurro eterno,
de una cólera guardada, de un escondido ardor.

Sobre la rabia de injusticias y maldades
se intenta adornar la sinrazón.
Puños sobre la mesa, puños sobre el papel,
nos acompañan en el viaje de esta recordada traición.
Siento fluir en mí la impotencia del espectador
y el vacío de un mundo injusto
que apedrea y endurece mi razón.

Escucho entonces el olvido de una canción,
el silencio de antiguas promesas,
el silencio de vanas esperanzas,
la canción de risas fugadas,
el sonido de voces lejanas,
que desde las calles adjuntas
entran por las paredes que dividen mis esperanzas.

 

 

 

    

 

 

Ajedrez

Entre espacios negros y blancos
un rey su voluntad quiere imponer.
Manda a sus huestes entre caballos, peones y alfiles
y el contrincante se prepara a defender.

En el fragor de la estrategia sus ejércitos se dispersan
y uno a uno sus espacios y conquistas aumentan.
Pero cada espacio mas es lejano
y el rey agresor se encuentra de pronto aislado.

El rey se ha quedado solo.
Las fichas enemigas lo rodean
y su reina en su ayuda aún no llega.

Y el tablero se hace infinito y los espacios se encuentras cercados.
¿Tendré que avanzar o retroceder? ¿Rendirme o sufrir?
Se pregunta el rey mientras espera en vano la ayuda del amigo cercano.

 

 

 

    

 

 

El planeta de los simios

 

 

 

Quizás para algunos, cueste mucho creer que una película como „El planeta de los simios“ pueda tomarse en serio, después de todo, dirán no es más que el producto de una mente algo fantasiosa creyendo que los monos será inteligentes y que gobernaran la tierra.

 

Sin embargo, cuando la primera película salió en los años 70 (he de reconocer que no he leído el libro y no se dé su repercusión) causo un impacto visible en las cuatro secuelas que tuvo y en el recuerdo de muchos. No hablemos de los efectos o maquillajes, quizás risorios hoy en día, pero hablemos del tema, del cambio y de la historia. La película original a mi punto de vista, cinematográficamente hablando, no es muy buena, tiene trazos de solvencia y profesionalismo pero por momentos no deja de ser una llamada película B pero la historia si lo es, una vez aquella palabra tan mágica y tan pocas veces comprendida, la historia nos atrapa haciendo que deseáramos saber más, queriendo saber que fue lo que paso o esta pasando y sobretodo como olvidar aquel final que nos dejó pensativos en el cine. No la vi en el cine, pero cuando la vi en mi antiguo aparato de VHS y frente a mi antiguo televisor (aun no era de pantalla plana) el impacto creo que fue el mismo. Yo entonces era un niño aun y quizá solo me sorprendió el cambio de dirección o la trama, sin llegar a entender lo que eso significa en verdad. Hoy he crecido y hoy lo entiendo más.

 

No hablare de las buenas actuaciones, ni los efectos especiales sencillamente fantásticos ni la puesta en escena ni la dirección (todos absolutamente superiores dejándome por momentos aún más impresionado de la otra película que espere con ansias pero no lleno mi apetito de sorpresas “Dunkerque”). Sino de algunos momentos de la película que bien merecen comentarse.

 

La historia difiere un poco de la película original, convirtiendo a Cesar en un personaje casi mediático, sabiendo que su misión es la de ser un líder y sabe que eso lo llevara a tomar decisiones difíciles, que incluso lo afecten a él pero el piensa siempre en el beneficio del grupo que lo eligió como líder. ¿De cuántos lideres actuales, de cuantos “managers” actuales podemos decir lo mismo? Vemos que hasta el más puro de las almas, puede caer en la desesperación y la venganza cuando es afectada ¿Cómo reaccionaríamos nosotros si nuestra familia es asesinada? Y vemos que el malo, dentro de todo, persigue un fin que nos lleva al límite de lo moral ¿Pensar en el todo sacrificando lo que más queremos? Donde no hay mucho que decir una palabra, un gesto, una mirada lo han dicho todo. El conflicto y el caos vienen por dentro. Y el dolor.

 

La película no es una película alegre en el sentido de la palabra, los personajes sufren y el dolor físico es el que menos importa. El dolor descrito en una genial escena, cuando el personaje militar le cuenta a su enemigo (y quizás al mismo tiempo el único que lo puede entender) la razón que lo llevo a actuar de la manera que lo hizo. Y cuando, teniendo en su mano todo lo que quiso, Cesar decide no dejarse llevar por su impulso sino por aquella humanidad que quizás ya no exista en los humanos pero si en los simios.

 

La película nos hace ver, quizás, lo peor y lo mejor de nosotros y nos ensena un proceso evolutivo que no queremos escuchar ni entender. Hoy´, tan absortos en diversión, bolsas, caídas, terrorismo, temor y distracción no nos ponemos a pensar de que solo somos aves pasajeras en la eternidad y de que la vida, después de todo siempre consigue su camino, sea de una forma u otra.

 

Si bien el personaje de Cesar no es un robot, me vino a la memoria aquella genial pregunta de la película “Terminator 2” que merece escucharse aun en estos tiempos “Si una maquina entendía el valor de la vida humana, quizás algún día nosotros también”

 

Película altamente recomendable. No se le pierdan.

 

 

    

 

DUNKERQUE

 

 

     Un reloj sin cesar nos acompaña mientras un avión, en el aire, persigue a otro en un esfuerzo desesperado por derribarlo. Tratamos de no escuchar las explosiones hundiéndonos dentro del agua, mientras sentimos como el aceite por encima de nosotros se va convirtiendo en fuego. Lloramos cuando vemos una fila de hombres, esperando algún milagro que los salve y ni siquiera se percatan cuando una bomba ya los ha partido en varios pedazos. Y un padre, con el alma partida y con cualquier sentimiento derribado, solo actúa bajo la lógica de hacer lo único lógico en una guerra que ha perdido toda razón de ser. Si vemos “Dunkerque” de Christopher Nolan, no veremos solo una película sino el ejercicio de un maestro del cine, no de contarnos una historia esta vez sino de querer hacernos sentir lo que esas personas sintieron en ese momento, lo que sufrieron y vivieron, arrebatarnos de nuestra vida cotidiana y llevarnos de la mano en una maratón de sentimientos y pesares. Christopher Nolan, un maestro del cine, deseoso siempre de “dar catedra” en cualquier película que hace intenta algo que pocos han logrado y lo consigue… pero solo a medias.

 

      Antes que todo permítanme reconocer que soy un gran admirador de Nolan y su cine. Para mí, le ha devuelto un poco el “glamour” perdido, volviendo a hacer películas de verdad, con historias de verdad. Es como si después de tantos trajes de marcas y marcas, encontramos a ese olvidado sastre de alguna esquina y nos hace un traje a la medida que de lejos será el mejor que hayamos tenido jamás. Y solo por eso, merece todo mi respeto. Gran enemigo del 3D (como yo), gran armador de historias, nos entrega en cada película justamente eso, una historia que merece contarse. Encontrar eso en el llamado cine Blockbuster actual y sobretodo que sea aceptado por el público es ya casi un milagro. Actuaciones increíbles, Twists (disculpen la palabra en inglés), efectos especiales “a la antigua”, decorados reales, banda sonora minimalista y magistral. Enumerar los atributos de sus películas es tarea engorrosa. Cualquiera de sus películas es un panfleto a los llamados “directores” de ahora diciéndoles “Miren, así se debe de hacer”. El problema cuando uno eleva el listón tan alto es que solo se puede superar a sí mismo y salvo que uno se llame Hitchcock, Kubrick o Fellini pocos los han logrado.

 

     Vamos por partes, Dunkerque para mí no es la mejor película de Nolan. Por más que la prensa, crítica y la gente lo digan. Y si la llaman desde ya a ser una candidata al Oscar, no me sorprendería que le den la estatuilla por justamente su película más floja, después de todo el Oscar hoy por hoy solo premia la mediocridad. Pero sin irme por las ramas, diré que aunque esta de lejos de ser su mejor película, el nivel de cine actual es tan bajo que aun así está muy encima (pero muy por encima) de la mejor película actual. No solo merece verse ¡Debe verse!  

 

     Yo siempre pienso que lo que se hace con pasión, sale mejor. Si bien quizás mi primera novela no ha sido la mejor, la hice con gran pasión y tiene de todas maneras un “algo” especial que me llena de alegría y que creo los lectores sabrán sentir al leerla. El problema de Dunkerque es el contrario, esta tan bien hecha, esta tan bien trabajada, tan bien planificada que justamente pierde aquello que debería promocionar: sentimiento. Dado que esta vez no hay en si una historia concreta (uno de los fuertes de las películas de Nolan) la película se centra en la reacción de sus tres protagonista principales: el piloto (una gran labor de Hardy que consigue con solo una mirada impregnarnos de ese miedo que siente por sus venas), el padre que quiere ayudar a que otros no pasen lo de su hijo (una buena actuación) y un muchacho que quiere salir de la playa del infierno a como dé lugar (baja performance que no nos llena en un vacío y desesperación por una supervivencia buscada). Nolan vuelve a querer jugar con el tiempo, haciendo que las historias no sean lineales pero no lo consigue del todo bien, dándonos cuenta tarde o quizá no lo suficiente del pequeño truco. Desde mi punto de vista, esta vez, no aporta nada extra al hilo dramatúrgico. Lo que si hace esta vez la banda sonora (dada la falta de diálogos) tomando un papel más no solo necesario sino importante. Y la fotografía nos ensena toda la belleza de una playa condenada a la más horrible de las batallas.

 

     Es justamente ese excesivo control, esa excesiva planificación lo que si bien hace de la película una belleza técnica le quita un poco de aquello que debió ser en primera instancia. ¿Por qué recordamos a “el caballero oscuro”? yo pienso que la magistral actuación de todos (destacándose la del “Joker”) nos llevó a nuestro propios sentimientos y emociones, sufrimos con el padre deseoso de ver a su hija pero sin poder hacerlo por el bien de la humanidad en “Interstellar” o el deseo incumplido de una vida perdida en sueños de “Inception” pero en Dunkerque si bien la sobrevivencia debe ser el tema principal falta aquella chispa que justamente llamamos vida.

 

    Repitiendo lo que dije, aunque no es su mejor película, Nolan nos brinda una de las mejores películas de este año y nos devuelve la magia en el séptimo arte y nos hace sentir lo hermoso que es disfrutar cuando se apagan las luces y se escucha el primer sonido de aquel hermoso sitio que llamamos cine.

 

    

 

La ciudad de las artes y las ciencias

 

 

 

     Tuve la oportunidad de visitar Valencia, algo que no había hecho hasta ahora a pesar de ser una ciudad muy presente en mi vida más que todo por motivos literarios (de niño devore el Cantar del Mío Cid solo como ejemplo) y aún tengo en mi mente la última escena de aquella gran película sobre “El Cid” y la parte final representando la toma de Valencia. Pero dejando de lado aquel tono romántico y hasta cierto punto idealista, nunca había tenido la oportunidad de visitar la ciudad de Valencia y poder apreciarla “en vivo y directo” hasta ahora.

 

     La ciudad es sin lugar a dudas hermosa, no teniendo nada que envidiárle a sus vecinos más cercanos. Respire un aire de tranquilidad en el poco tiempo que estuve ahí, visitando los monumentos, sintiendo la amabilidad de las personas que con gran sorpresa estaban orgullosos de su procedencia hablando un valenciano nuevo para mí pero jamás dejando de lado el español como idioma. Algo que me lleno de alegría. Pude ver el centro histórico (y como cereza sobre el pastel la hermosa capilla del Cáliz), la catedral y un atardecer hermoso, con un cielo rosáceo y un sol durmiente que me acompaño de la mano durante los días de mi estancia.  

 

     Pero lo que más llamó mi atención fue aquel paseo verde hecho sobre el antiguo cauce del rio Turia que los valencianos han convertido en un refugio verde divino, donde la gente se reúne a caminar, correr, jugar, hacer artes marciales o solo conversar en un parque y que sirve de antesala a aquella magnifica construcción llamada “Ciudad de las artes y las ciencias”

 

     Inaugurada en 1998, una construcción bellísima compuesta de varios complejos de índole cultural y de entretenimiento con un diseño acorde a los tiempos modernos apostando desde el comienzo por lo propio. Es interesante que leyendo un poco la historia de este proyecto, uno se entera de que nació de la idea de un catedrático de historia (y el gobierno, cosa rara en estos tiempos, cogió esa idea cultural con agrado) teniendo como punto de partida que sea la cultura y el arte (y no los rascacielos, los centros comerciales o le zona de grandes hoteles y edificios) el verdadero centro de la ciudad. La forma como Valencia quería ser vista y recordada no era por sus casinos, estadios, centros comerciales u hoteles sino por el centro cultural y artístico que la adorna.

 

     Leyendo un poco más de la historia, se puede ver de que el proyecto tuve varias mentes dirigiéndolo siendo las más destacada la de Santiago Calatrava (de mas esta decir que es valenciano) y su estructura moderna, funcional no descuida la belleza dándole ese toque necesario para permanecer en la memoria. De color blanco, se alza como lucerna sobre el verde parque que la rodea y caminando por ella, viendo sus fuentes, sus largos caminos, su cine, sus exposiciones, sus conciertos y paseos, uno no puede más que sentir el deseo de saber más, despertando la curiosidad que es la madre de la investigación y del saber.

 

    El complejo es grande y no puede ser visitado en unas horas que merece dedicarse a él y lo que guarda en su interior por lo menos por un par de días para descubrirlo. Pero la aventura vale la pena.

 

    En estos tiempos, merece rescatarse un sitio así y la osadía de una ciudad en apostar por él, un sitio dedicado a la cultura y el saber, a seguir el ejemplo de hacer de la ciencia y del arte el centro de cualquier ciudad o sociedad y sentir de nuevo aquella curiosidad que cuando niños veíamos. No sé si algún día el destino me llevara de nuevo a esa maravillosa ciudad pero sé que quedara siempre en mi recuerdo y a cualquiera que tenga la oportunidad, no deje de visitarla.

 

La victoria del Fracaso

 

La victoria del fracaso solo puede ser posible, si es que nosotros y solo nosotros lo permitimos. Lo que suena a una frase cliché, es en realidad una gran verdad que sin ser el santo grial de la vida, es una filosofía que puede ayudarnos a seguir nuestro camino sobre todo si somos escritores o si queremos serlo.

Hay que ser sincero, la carrera de escritor (hablando de carrera como tal, es decir el poder vivir y vivir bien del oficio de escribir) es algo reservado a pocos. Dirán que son muchos y si los son, pero si vemos la cantidad de escritores que viven de la escritura comparado con la cantidad de personas que desearían serlo, veremos cuan pocos hay. Pero los hay y eso es lo importante.  Y, al fin y al cabo, la pasión de escribir no es motivada por el dinero ni por la ambición (o no debería serlo) sino por ese algo que solo un escritor de corazón puede entender. Sin embargo, algo hay que reconocer. Lo escritores conocidos y que viven de su oficio no han llegado a ese lugar anhelado dejando textos inconclusos o por descuidados en su trabajo. No están ahí por acostarse temprano todos los días, ni por decir “mañana escribiré”. Sino, que aun que no hayan tenido el talento de un Cortázar o un Cervantes, han podido acabar lo que han empezado y sobretodo han tenido el valor de reconocer sus errores y corregirlos, empezando muchas veces de cero o intentando algo nuevo, dejando el miedo al fracaso en un segundo plano.

Existen escritores que no tienen miedo a seguir un patrón o un modelo a seguir, bien sea impuesto por la editorial o por ellos mismos. Vemos el caso de autores de Best-Sellers como Dan Brown (solo por mencionar uno de los más conocidos). ¿Hay alguna diferencia grande en alguno de sus cuatro libros sobre el profesor Langdon? Todos siguen la misma línea, la misma trama. Y si bien el tema puede cambiar, tanto el personaje como el libro no lo harán. Funciona, sin lugar a dudas para un escritor como el. ¿Miedo al fracaso? Lo dejo como pregunta abierta.

Pero existen otros muchos escritores que intentan ideas nuevas, maneras nuevas, temas nuevos. Que se reinventan a sí mismos en cada uno sus libros, obras o poemas y que buscan siempre aquel premio inalcanzable que es el del escrito perfecto, entendiendo que a veces sol el camino es lo perfecto pero que bien vale la pena el esfuerzo.  Solo por poner un ejemplo me viene a la cabeza a las primeras décadas de Mario Vargas Llosa, versátil tanto el relato corto, como el ensayo la novela o el teatro.

Porque al final de todo la pregunta es ¿Por qué escribimos? Claro que para nosotros mismos pero también para ser leídos. Pienso que cualquier persona que niegue eso, se está engañando a sí misma.  Y nuestros lectores, así como el tiempo, cambian y merecen ser tratados de la misma manera. Entonces, solo existe un camino y es el camino que tenemos al frente.

El miedo al fracaso, ha motivado a muchas personas a no probar cosas nuevas o creer que irse por caminos poco conocidos los llevara a la ruina. Y podría ser así, después de todo, no hay nada seguro en este mundo y nunca lo habrá. Pero también podríamos encontrar en ese nuevo camino justo lo estábamos buscando. ¿Nos aferramos con uñas a la novela? Quizás nuestro destino es ser poeta. ¿No queremos escuchar la palabra poesía? Quizás tengamos talento para eso ¿No queremos ni oír el termino ensayo? ¿Y qué pasaría si lo hacemos y descubrimos que somos geniales haciéndolo?

Quiero poner especial atención a una reflexión, aunque me vuelva a repetir haciéndolo y es el hecho de que en verdad puede dado de que fracasemos, si medimos el termino fracaso en cantidad de lectores o copias vendidas.  Puede que le pongamos la mejor de las intenciones y sin embargo, nuestro novela, cuento o poema no sea del gusto de todos. ¿Y qué? ¿Tiraremos la toalla solo por el primer golpe?

Leí una voz que uno solo puede considerarse un escritor si ha sido rechazado varias veces, después de todo si todos los conocidos escritores han sido rechazados ¿Por qué esperamos algo diferente nosotros?

Es ahí donde en verdad notamos que tanto nos dedicamos a este oficio tan pocas veces bien remunerado (y no hablo solo de dinero). Pero cuando la pasión de una letra escrita, de un dialogo bien trabajado y sobretodo el gran sabor a manjar que deja una obra bien escrita, se nos mete en el alma y nos hace saber que en verdad podemos ser lo que pensamos, es cuando verdaderamente nos damos cuenta de lo que podemos ser. Pero debemos estar preparados a los golpes que nos da la vida y solo yendo hacia adelante, escribiendo cada día con más pasión, probando cosas nuevas, abriendo nuestra mente a este mundo de fantasía maravilloso es que podemos ver al final, que todo esfuerzo mereció la pena y que la victoria del fracaso no ganara la batalla y que a pesar de todo seguimos adelante.